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La creación más radical de MB&F hasta ahora es un reloj-robot de 384 mil dólares


Si había alguna duda de que MB&F sigue siendo una de las marcas más irreverentes de la alta relojería contemporánea, la nueva HM12 “The Guardian” llega para eliminarla por completo. La firma de Maximilian Büsser acaba de presentar una de las piezas más extravagantes y ambiciosas de toda su historia: un reloj mecánico integrado en una figura robótica completamente funcional.

La nueva Horological Machine 12 toma inspiración directa del imaginario sci-fi de los años setenta y ochenta, esa era dominada por robots, anime mecánico y juguetes transformables que marcaron a generaciones enteras. El resultado parece salido de una mezcla entre un Gundam de colección y una escultura cinética de alta relojería, pero detrás de lo lúdico existe una ejecución técnica extremadamente seria.

La HM12 fue diseñada para funcionar como una especie de rostro mecánico. Los discos de las horas saltantes y los minutos retrógrados actúan como ojos, mientras que la boca deja ver el característico microrrotor doble de MB&F girando constantemente sobre la muñeca. La parte más espectacular se encuentra en la zona superior: un tourbillon volante visible que la marca describe como el cerebro de The Guardian. Incluso existe una ventana lateral de zafiro para observar el mecanismo desde otro ángulo, como si fuera el núcleo energético de una nave espacial miniatura.

Toda la caja está construida en titanio grado 5 y utiliza 84 componentes distintos para dar forma a una silueta completamente fuera de cualquier estándar tradicional de relojería. Sus dimensiones tampoco intentan pasar desapercibidas, con 49.3 mm de largo, 43.6 mm de ancho y 13.8 mm de grosor. Claramente no es un reloj pensado para esconderse bajo el puño de una camisa.

La complicación más llamativa de la HM12 ni siquiera está relacionada con medir el tiempo. En el costado izquierdo de la caja aparece una corona dedicada exclusivamente a activar un sistema mecánico de escudos que cubren parcialmente el rostro del reloj. Conforme se gira, distintos paneles de color emergen y cambian de posición, como si el reloj estuviera entrando en modo combate. El mecanismo utiliza más de 200 componentes únicamente para lograr este efecto visual, algo completamente innecesario desde el punto de vista práctico, pero absolutamente fascinante desde el enfoque creativo que define a MB&F.

La HM12 puede desmontarse de su correa de velcro y colocarse directamente en el cuerpo del robot Guardian, diseñado por Maximilian Maertens y producido junto a L’Epée, colaboradores habituales de las esculturas mecánicas de la marca. El cuerpo del robot incorpora otros 755 componentes adicionales e integra varios elementos funcionales, incluyendo un termómetro mecánico en el pecho, una lámpara UV desmontable escondida en el brazo izquierdo, una lupa integrada en el brazo derecho y compartimentos ocultos para almacenar la correa. El resultado mide 38.2 centímetros de altura y se siente más cercano a una pieza de colección artística que a un simple accesorio relojero.

Aunque toda la atención suele irse hacia la estética, el calibre HM12 también merece protagonismo. El movimiento automático incorpora doble microrrotor, 86 rubíes y una reserva de marcha de 84 horas. Desde el reverso aparece un acabado mucho más clásico, con puentes esmerilados, anglage hecho a mano y un medallón de oro guilloché producido por el taller Broadbeck Guillochage de Kari Voutilainen. Es un contraste fascinante: por un lado, una máquina futurista inspirada en juguetes japoneses; por el otro, acabados propios de la relojería independiente más tradicional.

La HM12 “The Guardian” estará limitada a apenas 36 ejemplares, divididos en tres versiones: azul, verde y púrpura. El precio tampoco pretende ser discreto: 384,000 dólares. Es una cifra completamente irracional para la mayoría de las personas, aunque también resulta difícil negar que pocas marcas actuales están dispuestas a empujar la creatividad relojera tan lejos como MB&F. La HM12 busca demostrar que la alta relojería todavía puede sorprender, divertir y sentirse como un objeto salido directamente de la imaginación de alguien obsesionado con robots gigantes y máquinas imposibles. Y justamente ahí está su encanto.

 
 
 

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