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Bulova reduce el tamaño y oscurece el concepto: así es el nuevo Lunar Pilot Black Hole

Después de años de peticiones por parte de coleccionistas y entusiastas, Bulova finalmente ajusta una de las críticas más recurrentes a su cronógrafo más icónico. El Lunar Pilot estrena una caja de 41 mm, más contenida y versátil, pero lo hace con una propuesta estética completamente distinta: el nuevo Lunar Pilot Black Hole.

Lejos de ser una simple reducción del diseño clásico, esta versión apuesta por un lenguaje visual radical. La caja tipo cojín se mantiene, aunque ahora más compacta (41 mm de diámetro y 13.05 mm de grosor), con un acabado arenado recubierto en PVD negro mate. Elementos como la corona, los pulsadores y el bisel superior introducen un contraste sutil con un negro brillante que aporta profundidad.

La esfera sigue la misma lógica monocromática, pero con un giro técnico interesante: está recubierta con pintura Musou Black, capaz de absorber hasta el 99.4% de la luz. El resultado es un negro casi absoluto sobre el que flotan índices aplicados y agujas arenadas en gris. La legibilidad se mantiene gracias a detalles como la escala minutera y el taquímetro interno en relieve, además de la Super-LumiNova gris que emite un brillo azul en la oscuridad.


En cuanto a funciones, el reloj conserva su identidad como cronógrafo de alta precisión. El subdial a las 3 horas destaca al medir hasta 1/20 de segundo, una característica poco común en este rango. En su interior late el calibre NP20 de cuarzo de alta frecuencia, que vibra a 262 kHz, muy por encima de un cuarzo convencional, lo que se traduce en una precisión anual sobresaliente.

El fondo de caja incorpora un guiño histórico a la relación de la marca con la exploración espacial, en referencia al cronógrafo utilizado por el astronauta Dave Scott. Este detalle refuerza el vínculo entre el Lunar Pilot y su legado fuera de la Tierra.


Limitado a 6,000 piezas y acompañado de un estuche especial con reloj de viaje, el Lunar Pilot Black Hole tiene un precio de $1,650 USD.

Más allá de su estética polarizante, hay dos lecturas claras en este lanzamiento. La primera es el nuevo tamaño: más usable, más equilibrado y, probablemente, el punto de partida para futuras versiones. La segunda es su ejecución totalmente negra, una decisión que puede dividir opiniones, especialmente por el uso de PVD, pero que en persona ofrece una presencia contundente.


Todo apunta a que este no es un experimento aislado, sino el inicio de una nueva etapa para el Lunar Pilot. Una donde el diseño evoluciona sin soltar del todo su historia.

 
 
 

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